La prueba sobre el terreno: del rodaje al ultra trail
Hemos llevado el T-Rex 3 Pro durante varias semanas, desde rodajes en asfalto a 5:30 min/km hasta salidas de trail más largas de unos 25 kilómetros, con ritmos que bajaban hasta 7:00 min/km en los tramos técnicos. En bosque cerrado, la señal GPS multibanda se mantiene estable, con trazados limpios y poca deriva en los puntos de paso, un punto muy positivo para un reloj de este precio.
En cuanto al pulso, el sensor óptico BioTracker 6.0 muestra una desviación media de entre el 0,07 % y el 0,50 % respecto a una banda de pecho de referencia en esfuerzos continuos, un resultado muy correcto para un sensor de muñeca. Las diferencias aumentan, como es lógico, en aceleraciones bruscas tipo series cortas, como ocurre con casi todos los sensores ópticos del mercado.
En autonomía, el balance es más comedido. Con un uso diario intensivo (GPS de máxima precisión, pulso continuo, pantalla Always-On), el reloj aguanta algo menos de una semana. Eso coincide con lo anunciado por el fabricante, pero sitúa al T-Rex 3 Pro en la mitad baja de los relojes outdoor por autonomía en el modo GPS más preciso (38 horas en 48 mm), por detrás de rivales como el Coros Vertix 2S. Para una tirada larga clásica de tres a cinco horas, el margen es holgado. Es en los ultras de más de dos días seguidos, con GPS preciso de forma constante, donde tienes que prever una recarga intermedia, a diferencia de algunos relojes con autonomía récord pensados específicamente para expediciones.
Otro detalle que observamos con el paso de las semanas: la correa de silicona de serie, algo rígida, no es ideal para muñecas finas y puede resultar algo incómoda los primeros días de uso intensivo. Nada grave, pero conviene saberlo antes de comprarlo si piensas llevarlo siempre puesto, día y noche, para el seguimiento del sueño y la recuperación.

© Amazfit, foto oficial utilizada con fines editoriales