La prueba en el terreno: 200 km, la Templiers, del 30 km rápido al ultra de 100 km
Probamos el Hoka Trail Run Vest 10L durante algo más de mes y medio, en condiciones muy variadas: salidas cortas a ritmo rápido (4 a 5 min/km), entrenamientos largos en montaña a ritmos de 6 a 7 min/km y la carrera de la Templiers (100 km / 4000 m de desnivel positivo, con tramos técnicos y rápidos). En total, entre 200 y 300 km con este chaleco a la espalda.
La estabilidad es la primera virtud que salta a la vista. Estén los bidones llenos, a medias o casi vacíos, se mantienen pegados al pecho. En las bajadas técnicas, el chaleco no se mueve. En series en llano, no sube. Es una cualidad poco común en los chalecos de 10L, donde lo habitual es tener que elegir entre ligereza y rebote.
El ajuste es otro acierto. El sistema de cierre magnético con ganchos es eficaz y rápido de manejar en carrera. Los elásticos ventrales, regulables en altura, permiten un ajuste preciso a tu morfología. La sensación es la de una prenda de carrera más que la de una mochila: sin compresión, sin molestias al respirar, sin puntos duros.
La accesibilidad de los bolsillos delanteros está bien pensada. Los 6 bolsillos frontales se pueden usar sin romper la zancada. Los dos túneles traseros inferiores, de acceso menos intuitivo (se abren hacia abajo), resultan prácticos una vez que pillas el gesto. El gran bolsillo superior con cremallera, en cambio, no es accesible en carrera: queda reservado al material obligatorio o de reserva.
El volumen es el punto más discutible. 10 L en la etiqueta, pero es un "10L pequeño": el material obligatorio del UTMB cabe, pero con el contenido optimizado. Prendas comprimibles, bidones flexibles, sin sitio para lo superfluo. En una carrera con el kit de frío activado, tendrás que plantearte un cinturón de running complementario.

© Hoka, foto oficial utilizada con fines editoriales